La genialidad de Freud fue descubrir al sujeto del inconsciente. El sujeto del inconsciente es el que sueña para cumplir sus deseos de orden infantil. Así Freud desarrolla la teoría psicoanalítica a través del descubrimiento del inconsciente como esa parte del sujeto que se manifiesta con formaciones de un mundo interno metafórico, metonímico, oscuro y propenso a los equívocos, lapsus, chistes y disparates con la única finalidad de develar el deseo reprimido en la vigilia ¿El sujeto del inconsciente es entonces un fallo del sujeto cartesiano?, ¿el deseo reprimido es la verdad que el Yo añora? Yo soy, yo pienso, yo existo parece desde esta mirada, lo más disparatado para asumir como verdad. El yo no lo es todo.
Freud se encuentra así por medio del análisis del sueño con el sujeto del inconsciente y concuerda con Descartes en cuanto al fenómeno de lo discontinuo de la posibilidad de pensarse a sí mismo continuamente. El sujeto moderno busca paradójicamente su certeza de pensamiento. Freud descifra que dónde hay oscuridad en la articulación del pensamiento del sujeto en la vigilia, hay algo de verdad que se quiere mostrar y al mismo tiempo no. El deseo inconsciente se deja entrever también en la vigilia a través de sus formaciones.
El sujeto cartesiano cae para mostrar su falta: su razón tiene un límite interno. ¿Será por eso que cuando se cree en poseer una absoluta racionalidad ya se cae en falta? Se demuestra así que ese sujeto cartesiano no es libre. Esa libertad humana Descartes la exponía como la capacidad de apegarse a lo racional, a lo bueno y verdadero; ese yo, la res cogitans, está sustentada por el Dios de Descartes. Más problemático aún ¿cierto?
¿Podemos reconocer que no somos sujetos totalmente racionales? o ¿si es que somos libres? “Pues bien; de acuerdo con nuestros análisis, no hace falta cuestionar la legitimidad del sentimiento de convicción de la voluntad libre” (Freud. 1901. P. 247). El sujeto moderno se postula entonces desde Freud como predeterminado por el inconsciente, ya que la racionalidad no opera de manera aparente en los sueños ni en la vigilia. Se nos muestra así una coordenada de que no hay una voluntad libre en el “pensar” al azar. Es entonces cuando podemos construir que el sujeto cartesiano elabora su verdad ficcionada y la defiende como parte de su identidad. El Yo cree ser racional, cree en su verdad.
La potencia del sujeto del inconsciente es mantenido a raya por la represión y esa verdad que pretende conocer aparece siempre como una posición subjetiva ante los objetos externos que crea. Freud nos permite reconocer que el sujeto está dividido y es inseparable de su inconsciente. Sin embargo cuando aparece la certeza de la razón del Yo hay que dudar. ¿Podemos aceptar que no todo lo que creemos es verdad? El psicoanálisis nos permite escucharnos desde lo inconsciente, reconocernos y de poco a poco orbitar en las marcas de lo que deseamos, de lo que causa malestar o incertidumbre. El verdadero milagro es cambiar de posición hacia lo que creemos que es nuestra verdad.
