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¿Es vigente el Psicoanálisis Freudiano en la vida digital cotidiana?

“En todos los embrollos de aparentes casualidades actúa una mano invisible, que quizá fluctúa sobre alguno de nosotros, lo domina desde la oscuridad y puede haber tejido desde hace mucho tiempo el hilo que el afectado cree tejer él mismo con despreocupada libertad”.

Karl Grosse

Por Claudia Díaz

La teoría psicoanalítica de Freud fue un parteaguas para ofrecer argumentos interdisciplinarios, científicos y postulados inéditos sobre la existencia de la vida anímica del ser humano y sus mecanismos psíquicos básicos. Antes y ahora la humanidad ha deseado y construido diversos medios para descargar sus obsesiones, en especial aquellas que tienen que ver con cómo sustituir sus afectos penosos en la vida cotidiana. La tecnología puede ser un lugar que funge a manera de inconsciente en red de las obsesiones de nuestro tiempo.

El psicoanálisis surgió entre 1870 y 1945, durante un periodo histórico en una Europa dividida por guerras y conflictos; fue exportado al extranjero, se crearon asociaciones, grupos, con divisiones y disoluciones. Freud, el creador del psicoanálisis, “fue el creador de una nueva ciencia de la mente que dominó el mundo occidental durante la mayor parte del siglo XX” (Makari 2012). Para el 2026, Freud ha sido repensado y renombrado en diversas décadas como un genio, un charlatán, un revolucionario, pero sobre todo un visionario que logró crear una manera de pensarnos, entendernos, en un intento de curarnos ante un dolor enigmático que se manifiesta y atrapa la existencia humana a lo largo de su historia. En 1993, la revista Time capturó este extraño estado de cosas cuando publicó en portada el morboso encabezado de su artículo central: «¿Ha muerto Freud?». Para no quedarse atrás, trece años después, la portada de la revista Newsweek declaraba: «Freud no ha muerto». Después de haber dejado la tierra un día de otoño de 1939, pareciera que el fantasma Freud aún caminaba fuera del tiempo. Y aun así, Sigmund Freud fue un hombre situado en el tiempo” (Makari 2012).

Freud y sus postulados sobre el funcionamiento de la psique humana continúan teniendo impacto en cuanto a ser un precedente para analizar cómo nos vemos a nosotros mismos frente a los cambios históricos, sociales, políticos y tecnológicos. Podemos constatar, por autores como Makari, cómo Freud tuvo la necesidad de buscar su trascendencia como investigador, pero sobre todo como ser humano, confrontándose con una sociedad europea que deseaba explicarse a sí misma. El psicoanálisis emergió en un momento en que los europeos estaban cambiando dramáticamente el modo en el que se veían a sí mismos. Surgió de una masa de teorías en competencia que habían sido reveladas por cambios sísmicos en la filosofía, la ciencia y la medicina” (Makari 2012).

Sin embargo, el psicoanálisis freudiano, a lo largo del tiempo, se ha mantenido vivo; “se volvió más sencillo imaginar que una figura inmortal era responsable de este extraño y nuevo modo de entendimiento, ya fuera una ciencia o un engaño masivo” (Makari 2012). Sin duda, Freud realizó como nadie impensables cruces teóricos desde la filosofía, la medicina, el arte, la religión, indagando en grandes hitos culturales para dar cuerpo y fundamento a sus postulados; es por ello que su genialidad permite llevar al psicoanálisis a nuevos horizontes. “Sigmund Freud realmente derivó el psicoanálisis de Aristóteles, Sófocles y la Biblia, así como de Shakespeare, Wordsworth, Goethe y Nietzsche, sin mencionar a Johann Herbart, Ernst Brücke y Pierre Janet (por nombrar solo algunos); parece justo concluir que esta extraña amalgama fue solo suya” (Makari 2012).

Hoy en día, 156 años después de que Freud creó el psicoanálisis, la sociedad actual, al igual que los europeos de finales del siglo XIX, parece vivir una revolución acelerada por los cambios sociales, la libertad sexual, religiosa y, sobre todo, una nueva certeza de ser poseedores de un “mundo interior” que de cierta forma ha popularizado algunos conceptos del psicoanálisis. Liberados de las doctrinas religiosas del alma, muchos europeos de finales del siglo XIX se esforzaban en reconciliar su propia experiencia interna con las demandas del positivismo científico, el universo mecanicista de Isaac Newton y la biología evolutiva de Charles Darwin. Intentaban darle sentido a lo que significaba, en medio de todo eso, tener un mundo interior, una vida mental, ser consciente y psicológicamente humanos. Freud fue uno de tantos intelectuales de finales del siglo XIX y principios del XX que respondió a esta confusión intentando crear una ciencia de la vida interna” (Makari 2012).

Si bien Freud permitió articular bajo postulados y conceptos una exploración del inconsciente como la parte más enigmática de esa “vida interior”, no hubiera previsto que el deseo del ser humano en el siglo XXI podría dinamizar el ejercicio de sus teorías. “La clínica psicoanalítica en general, en su afán de satisfacer al ‘cliente’, va en contravía de lo propuesto y comienza a satisfacer al cliente (como siempre tiene la razón), olvidando que, a pesar de que puede satisfacer la demanda (para hacer surgir otra), el deseo no puede ser satisfecho y que la cuestión del deseo no consiste en ‘satisfacerlo’, sino en reproducirlo como deseo” (Acosta 2011).

¿Cuál sería la evidencia más cotidiana de cómo el deseo humano ha quedado al descubierto? Esto puede ser observado en el uso de la tecnología, en la importancia de las redes sociales como espacios catárticos de la vida cotidiana. Si bien el método catártico fue parte fundamental para que Freud constatara avances en sus tratamientos, hoy en día, a cierto nivel, los sujetos usuarios de redes sociales han convertido estos espacios en divanes virtuales, una red en donde compartir sus sentimientos, emociones, agresividad y todo tipo de contenidos mentales. Es interesante cómo los seres humanos en la actualidad dan este uso a las redes, dando rienda suelta a lo imaginario. Este hecho se debe a que las redes sociales alimentan nuestro ego y nuestra autoestima, y en este mundo donde cada vez hay más individuos, necesitamos satisfacer nuestras necesidades de alguna manera y destacar sobre la media para lograr “ser alguien” (Calpe 2015).

Regresando a la teoría freudiana, esta expresión del mundo interior, que se observa en el uso que ciertos sujetos dan a las redes sociales, podría ser puesta bajo la lente del psicoanálisis, para considerarse como representaciones obsesivas. Freud postula que “en muchas verdaderas obsesiones es evidente que el estado emotivo constituye la cosa principal, puesto que ese estado persiste inalterado en tanto la idea asociada varía” (Freud, 1893-1899).

Freud postula que en las obsesiones se presentan representaciones de afecto muy intenso, el cual quedó en el ámbito psíquico a causa de un enlace falso. A diferencia de la histeria, el obsesivo no presenta síntomas en el cuerpo; los presenta en forma de ideas que generan comportamientos compulsivos; no hay predisposición a la conversión somática. Las representaciones quedan sin asociación en la conciencia, pero el afecto liberado se une a otras representaciones, que en virtud de ese enlace falso desplazan el afecto. “Los divergentes destinos de la representación y del afecto en ella adherido prefiguran las consideraciones contenidas en la represión” (Freud 1893-1899). 

Se puede hipotetizar que los sujetos que vierten sus estados anímicos sin representación, los cuales están cargados de afecto, al expresarlo por las redes sociales tratan de disminuirlos Así cambia la representación, se vuelve incluso un ritual para transformar de diversas maneras el afecto penoso. Es por ello que la compulsión de repetición en el obsesivo puede ser observada por la rumia de las ideas.

Este es un breve ejemplo de cómo el hombre moderno parece haber moldeado de otra forma su inconsciente, al tener estas oportunidades de descargar sus afectos penosos en interacciones tecnológicas. Para autores contemporáneos como Luca Possati, filósofo, investigador de la Universidad de Oporto, en su obra “Reensamblando la mente” “Psicoanálisis y teoría del actor-red” toma como uno de los ejes de sus trabajos de investigación la teoría psicoanalítica de Freud, para fundamentar una nueva perspectiva sobre “cómo la tecnología moldea el inconsciente humano, así como el inconsciente humano da forma a la tecnología” (Obliglio 2014).  

¿Podríamos pensar entonces que el inconsciente humano ha encontrado en la tecnología una manera de elaborar sus obsesiones? Possati encuentra una analogía interesante para indagar sobre esta pregunta: “El yo, el ello y el superyó ya no son solo regiones de la mente abstracta de un individuo, sino partes de un colectivo de interacciones, que a su vez comprende un conjunto de actores humanos y no humanos” (Obiglio 2014). Sin embargo, el trabajo de Freud sobre el mecanismo obsesivo nos deja claro que la vida sexual del individuo es de donde proviene el afecto penoso que se encuentra dentro de un enlace falso, por lo que en la vida sexual de los sujetos se encontrarán la mayoría de las causas de sus representaciones irreconciliables.

El hecho de que el mecanismo obsesivo sea observable en la repetición es parte de comprobar que los obsesivos hacen un empeño voluntario en el olvido de sus representaciones, pero este olvido se convierte en una representación obsesiva para sustituir una representación sexual irreconciliable que se ha revelado dentro de la conciencia.

Sin duda, las redes sociales en la actualidad se han convertido en aparadores donde se exhiben fuertes afectos, desde declaraciones de agresividad, declaraciones de amor, incitación sexual, campañas publicitarias, declaraciones de guerra, testimonios de conflictos. Existe un sinfín de contenidos mentales que se pueden observar y analizar, desde los comerciales hasta los muy íntimos y cotidianos, y todos estos pueden ser tomados como evidencias, como síntomas desde la perspectiva freudiana, de las obsesiones latentes de los sujetos.

Para autores como Bruno Latour, filósofo, sociólogo y antropólogo francés, especialista en Estudios de Ciencia, Tecnología y Sociedad, y uno de los principales referentes de la Teoría del Actor-Red, el uso de las redes donde participan estas comunidades humanas hasta cierto punto obsesivas puede ser motivo de estudio científico. La Teoría del Actor-Red (TAR) proviene de la sociología; “analiza cómo se construyen las realidades sociales estudiando las interconexiones entre actores humanos y no humanos (objetos, tecnologías, instituciones) en una red, sin privilegiar a unos sobre otros” (Wikipedia 2026).

Para Latour, la ciencia no puede entenderse como un proceso lineal ni neutral. “Desde la perspectiva de Latour (…) los hechos científicos se construyen en redes donde participan tanto los investigadores como los aparatos de laboratorio, las instituciones, los recursos económicos e incluso los discursos políticos”, es decir, hay una interrelación palpitante para entender a la ciencia “como un proceso colectivo lleno de mediaciones (…) La Teoría del Actor-Red (ANT) rompe con la idea de que solo los humanos actúan y muestra que los objetos, las tecnologías y los lenguajes también tienen agencia” (Uicab 2025).

Ahora bien, el psicoanálisis freudiano postulaba que, en el caso del mecanismo obsesivo, los sujetos trataban de mantener en secreto sus representaciones obsesivas, ya que tienen un origen sexual, por lo que se reemplazan las ideas irreconciliables por otras más apropiadas para asociarse con el estado emotivo que permanece idéntico. Si aplicamos este postulado para analizar el contenido mental que usualmente se puede observar en los timelines de las redes sociales, sin duda encontraremos ciertos indicios de las obsesiones aparentemente modernas, pero que solo han migrado en cuanto a formas de expresarse; Freud sigue confirmando la genialidad de su teoría psicoanalítica.

Nuestra sociedad está atravesada por la tecnología, las redes sociales y el crecimiento de la implementación de la inteligencia artificial (IA) en la vida cotidiana, lo cual nos deja claro que la teoría freudiana cobra una fuerza inédita hasta nuestros días. Esto le da al psicoanálisis un nuevo perfil, como eje para la creación de nuevas metodologías interdisciplinarias como el technoanálisis, un método que “se convierte en el punto de partida para repensar las relaciones mente/cerebro, mente/cuerpo y materia/. La mente se concibe como un colectivo entre humano y no humano, distribuyendo significado y agencia entre los diferentes actores de la red. Este enfoque, denominado Techno Análisis, busca estudiar la tecnología como un actor fundamental en la mente colectiva” (Obiglio 2024).

¿Por qué pensar en la necesidad de que el psicoanálisis evolucione hasta ser reinterpretado una vez más? Basta con entrar a nuestra red social favorita y leer el timeline para detectar algunas tipologías de la obsesión: la aritmomanía de contar seguidores o likes, la tentación al stalkear a las exparejas, obsesiones especulativas que transcriben la hipocondría y autodiagnósticos del doctor Google (o ChatGPT), la misofobia de grupos sectarios y religiosos que cancelan los pensamientos divergentes… La lista de cotejo podría seguir, solo para confirmar que Freud logró descifrarnos más allá de su tiempo.

Freud entendió que la mente humana necesitaba ser estudiada desde diferentes enfoques. Consideró las ideas de filósofos antiguos y los avances médicos de su tiempo, los cuales no eran suficientes para explicar los problemas que enfrentaban las personas en su época. La mente humana no ha dejado de evolucionar, involucionar y modificarse. Hoy el psicoanálisis de Freud nos permite seguir entendiendo la base de nuestras obsesiones, para generar en lo posible un alivio a los dolores inherentes a nuestra existencia humana; ya sea con nuevas teorías, metodologías e incluso la tecnología, Freud sigue vigente. 

Referencias

Calpe, Esteve Castells. 2015. “La psicología detrás de las redes sociales: el código de comportamiento no escrito”. pymOrganization. December 30, 2015. https://psicologiaymente.com/social/psicologia-redes-sociales-codigo

Estévez, Federico, Eric Magar y Guillermo Rosas. 2008. Partisanship in nonpartisan electoral agencies and democratic compliance: Evidence from Mexico’s Federal Electoral Institute. Electoral Studies 27 (junio): 257-71. 

Gallo, Jairo Acosta. 2011. Clínica del deseo y el amor: La clínica psicoanalítica. Revista Cultura, Educación y Sociedad. Universidad Cooperativa de Colombia. 101-104.

George Makari. 2012.  Revolución en mente. La creación del psicoanálisis Uno. Una mente para la ciencia. Editorial Sexto Piso. 21-76.

Goldner, Jenny Levine. 2019. Freud. “Cotidianidad y transformación de la existencia.” Reflexiones marginales, 1 de agosto de 2019. https://revista.reflexionesmarginales.com/freud-cotidianidad-y-transformacion-de-la-existencia/.

Sigmund Freud. 1991. Obras completas Obsesiones y fobias. Su mecanismo psíquico y su etiología. Buenos Aires, Amorrortu Editores. 2008. Tomo III. 69-84.

Obiglio, Nicolás. 2024. “Reseña Unconscious Networks Philosophy, Psychoanalysis, and Artificial Intelligence.” Erasmus. La revista para el diálogo intercultural, 2024.

Uicab, Leonardo. 2025. “La teoría del actor-red en la reconstrucción de los hechos de la ciencia”.Unam.mx. 18 de septiembre de 2025. https://blog.enesmerida.unam.mx/la-teoria-del-actor-red-en-la-reconstruccion-de-los-hechos-de-la-ciencia/.

(Wikipedia contributors, n.d.) Wikipedia contributors. n.d. “Teoría Del Actor-Red.” Wikipedia, The Free Encyclopedia. https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Teor%C3%ADa_del_actor-red&oldid=166744954.