La labor del psicoanalista se enfrenta a problemáticas cada vez más frecuentes relacionadas con la violencia contra la mujer. Al recordar el nacimiento del psicoanálisis creado por Freud en el siglo XIX, encontramos que se fundamenta en casos de mujeres que llegaban a su consultorio y se plasman en su primera obra, “Estudios sobre la histeria” (Breuer y Freud, 1983-95). Los historiales de la señorita Anna O. (Breuer), la señora Emmy von N. (40 años, de Livonia), Miss Lucy R. (30 años, Freud), Katharina (Freud), la señorita Elisabeth von R. (Freud) fueron casos de mujeres incomprendidas por la medicina, y se convirtieron para Freud en un medio para posicionarse en el gremio médico como un científico innovador, creando un nuevo tratamiento para explicar sus casos como “enfermas nerviosas” que llegaban a la atención médica en búsqueda de sanar su sufrimiento, sin lograr ser “curadas” de aquello, aparentemente “imaginario”, que las aquejaba. Esos dolores no correspondían a los cánones biologicistas, no tenían explicación en aquella época. Sabemos, gracias a las historias de las analizantes de Freud, que el dolor de las mujeres con enfermedades nerviosas fue en gran medida menospreciado por los médicos de la época por no responder a los cuadros diagnósticos predefinidos de la medicina del siglo XIX.
¿Pero ser sano quiere decir no ser nervioso? Ser sano sería estar adaptado, ser como la mayoría, conforme a las normas establecidas por una sociedad particular. Aquel sujeto cuya conducta se desvíe de la norma será considerado como inadaptado, anormal, enfermo. Entonces, se considerará normal aquello que la sociedad espera que los individuos realicen, lo cual implícita o explícitamente nos introduce en una dimensión ética” (Flores, 2007, P. 191). Las condiciones históricas de las mujeres, ¿podrían ser consideradas una fuente de problemáticas derivadas de la violencia de género? Podemos identificar que en los casos que dieron vida al psicoanálisis antes mencionados, las mujeres analizadas habían sido afectadas psíquicamente por sus condiciones familiares y biopsicosociales, marcadas por la desigualdad, la violencia, forzadas así a nacer y crecer en una posición de objeto pasivo, que necesita adaptarse al gran Otro para sobrevivir.
Actualmente, ¿podemos decir que la situación de las mujeres ha cambiado? La violencia contra las mujeres y las niñas es una de las violaciones a los derechos humanos más recurrentes, reiteradas y extendidas en todo el mundo. Es una forma de discriminación que impide su acceso a oportunidades, socava el ejercicio de sus derechos fundamentales y tiene consecuencias en la salud, la libertad, la seguridad y la vida de las mujeres y las niñas, así como un impacto en el desarrollo de los países y lastima a la sociedad en su conjunto” (López et al. 2020. P. 5).
Debemos señalar que en los historiales clínicos de Freud podríamos identificar, bajo el marco de la violencia de género, la raíz del malestar ejercido por el Otro de la cultura o del otro supuesto saber hacia estas mujeres. La violencia de género “es señalada por Castañeda et al. (2013) como aquel conjunto de condiciones de carácter social, político, cultural, económico e ideológico que provoca la subordinación macro y microsocial. Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU, 1993), la violencia de género se refiere a cualquier acto de violencia de género que resulte o pueda resultar como daño físico, sexual o psicológico para la mujer, entre los que se incluyen amenazas, coacción y privación de la libertad, tanto a nivel público como privado” (Bernáldez. Rodríguez. 2023. P. 2).
En las descripciones de estos casos clínicos, es recurrente observar que estas mujeres tenían recuerdos de experiencias traumáticas donde fueron violentadas. En algunos casos, el criterio de Freud incluyó esbozos de los factores culturales, sociales y familiares que detonaron diversos tipos de violencia en las historias de las analizantes. Esto evidencía las circunstancias familiares y sociales desventajosas para ellas en sus entornos.
En algunos historiales se pueden leer entre líneas los riesgos de abuso, pero en casos como el de Dora (Freud, 1901-1905, VII), no se expone como tal, ya que la mirada del sujeto supuesto saber del analista está signada por su posición masculina. En el caso Dora, retrata cómo una joven adolescente se ve envuelta en un triángulo amoroso, donde “la normalidad de la época” la obligaba a someterse a los deseos de su padre y el amigo íntimo de este (el señor K) para “funcionar” como moneda de cambio en el juego erótico de estos y la esposa del señor K.
Es importante criticar que Freud no historizó a profundidad sobre la vida de las mujeres que analizó, y esto le impidió cuestionar las posiciones de poder y sumisión en las que se encontraban sus analizantes. En el caso de Dora, Freud no logró romper su sesgo de posición masculina en un contexto bio-psico-social que le daba gran renombre y privilegio, para analizar este caso desde la mirada de Dora como sujeto ético. En el caso de Dora, el síntoma surge para oponerse a la dominación patriarcal. Sirve para construirse como sujeto frente a la dominación del otro, para poner distancia del otro. Cabe mencionar que para Freud fue imposible hacerlo todo; lo real lo excede, lo que ofrece una ventana de oportunidad para el psicoanálisis contemporáneo, para explorar mejores abordajes de la clínica en los casos de trauma y abuso de las analizantes.
Afortunadamente, el psicoanálisis contemporáneo cuenta con notables analistas como la psicoanalista y escritora Gabriela Insua, que en su compilación “Lo indecible, clínica de lo traumático”, recopila ensayos de psicoanalistas como Mariana Howlin, Beatriz Cabral, Elizabet Susella, María Pía Guerrico, Verónica Meghdessian, Florencia D´onofrio, Marta Medina. En su libro, Gabriela y las autoras logran describir el real, bajo el término de la teoría lacaniana, de las experiencias que les comparten sus analizantes una vez lograda la transferencia analítica. Esas historias que no se dicen sin tener que desgarrar las profundas defensas de la psique, tocando los fantasmas del desamparo y la violencia añeja, son las que podemos nombrar, experiencias de lo indecible, de lo traumático. Si bien Insua cita a psicoanalistas como Françoise Davoine, Jean Max Gaudilliére, Jacques Hausson y Colette Soler como pioneros en el “análisis al revés” del trauma, resulta importante señalar que estos pioneros lo fueron ante la necesidad de pensar un abordaje analítico diverso, para entender aquellos casos “que no cuadraban” con lo descrito por el psicoanálisis clásico y sus estructuras clínicas.
Nuevamente nos encontramos ante la manifestación del dolor, en otra época histórica de la mujer, que no concuerda con el “orden estructural”, tal como ocurrió con las primeras analizantes de Freud. Se observan particularidades compartidas entre las mujeres que fueron analizadas por Freud; la primera y más evidente es que ellas no tuvieron oportunidad de escribir sobre su propia historia, por lo que las escenas descritas en sus historiales presentan sesgos y causan un sinnúmero de cuestionamientos sobre lo que Freud construye como sus antecedentes familiares, descripciones del caso, su sintomatología, pero sobre todo el cómo fueron armadas las escenas fantasmáticas en la psique de estas mujeres.
Para estas mujeres de la historia era primordial lograr resolver sus enigmas antes de que sus fantasmas y su diagnóstico de histéricas se convirtieran en todo lo que se pudiera decir de ellas. Las situaciones que atraviesan las mujeres relatadas en los historiales de Freud permiten dilucidar lo traumático, produciendo un efecto dialéctico, que obliga no solo a analizar los síntomas de las analizantes, sino a indagar qué tienen que ver estos con el lugar en el que las posiciona el gran Otro de la cultura y el lenguaje.
Los relatos de lo traumático se atienden hoy desde nuevas perspectivas. Una de estas posibilidades considera un “marco teórico del psicoanálisis freudiano-lacaniano y dentro de él, pivoteando fundamentalmente por los autores pioneros” (Insua, 2013, P. 13) como los antes citados. Esta nueva postura teórica permite problematizar los casos contemporáneos con un nuevo sentido; un tejido de lo real, imaginario y simbólico que intervenga en los “casos que no cuadran” y que podrían entrar dentro de lo traumático. Insua aporta un camino prudente y compasivo para el ejercicio del psicoanálisis en los casos de pacientes con trauma, considerando como coordenadas clínicas “el análisis de los sueños, la posición del analista, la transferencia, el estatuto del acontecimiento traumático, su característica del olvido imposible” (Insua, 2013, P. 13). Si pensamos en las analizantes de los historiales clínicos, es posible pensar en lo que se preguntaban a sí mismas a manera de establecer otra perspectiva de su subjetividad para definir el estatuto de su acontecimiento traumático.
Para Freud, el enfoque de la naturaleza de la relación familiar quedaba algunas veces sesgado por lo que para él era permitido o alentado por las normas sociales y patriarcales de la época. Entonces parecía impensable incentivar a estas mujeres a pensar: ¿Por qué nací?, ¿quién soy?, ¿qué lugar juego dentro de la familia? Estas preguntas pondrían en evidencia el agujero de la falta, la relación con sus fantasmas y permitirían también analizar la naturaleza de la ligazón con sus familias.
A menudo, en el análisis de lo traumático, también queda por analizar al gran Otro. Y ante la posición de la analizante traumatizada, del otro lado queda sobreentendida otra posición, algunas veces la del sujeto perverso, o del Otro de la cultura voraz que reproduce formas de violencia que siguen vigentes trans generacionalmente e históricamente hasta nuestros días, como la violencia patriarcal. El perverso se vale de lo que el otro desea. Si comparamos la cultura de lo que “se esperaba de la mujer” en la época de Freud y lo que se espera de la mujer en nuestros días, podremos confirmar que la mujer como sujeto aún está atada a esta cultura perversa y violenta. Se espera que la mujer sea deseada por el otro para ser, y no es casual que esto sea coincidente con la estructura histérica propuesta desde Freud hasta nuestros días. Ha hecho falta la narración de las mujeres, por propia voz y letra. Esta puede ser otra cara de la tragedia de lo indecible.
Es notable cómo la historia de las mujeres ha sido poco a poco relatada por ellas mismas, para mostrar la violencia ejercida sobre ellas y la convención social para seguir los guiones típicos de la feminidad de cierta época. En la medida en que analizamos desde la perspectiva psicoanalítica las convenciones sociales alrededor de la feminidad, vislumbramos que estas se construyen de fantasías y de eso que Lacan llama el fantasma, que busca reproducir escenas de vergüenza, llevando en sí mismas un goce escondido. Lo indecible no se habla, es muy íntimo, es vergonzoso. Las escenas de lo indecible están cargadas de abuso, pero también de deseo de ser visto, y esto tiene que ver con la voluptuosidad del goce. Así las mujeres de los historiales quedan atrapadas en el goce de la mirada del otro, de los mandatos, de la voz, de percibirse como un desecho del Otro.
¿En qué radica la posición dialéctica del psicoanálisis para decir lo indecible? En que las analizantes pueden trabajar mediante el psicoanálisis con sus escenas congeladas, pueden elaborar su propio discurso, como la contraparte de lo que el Otro quiso ver o decir de ellas; se trata de encontrar las escenas importantes. Con estos recursos es posible que las analizantes pasen de ser objetos pasivos a ser sujetos de su palabra, pensar en cómo se hubieran pensado o hablado. Así, la teoría psicoanalítica Freud-Lacan permite ayudar a que la experiencia de trauma de violencia pueda ser bordeada, para delimitar lo que fue placer y sufrimiento por el Otro, para que poco a poco pueda bordearse el agujero que crea la falta y que hace nacer al goce. Esto puede agilizar una coordenada hacia el principio de realidad, sorteando la descarga absoluta del goce que es la muerte.
El análisis de lo traumático es distinto a lo que propone Freud en los historiales clínicos. Hoy entendemos que es fundamental acompañar a las analizantes no para erradicar los síntomas que las sostienen, sino para lo que Lacan afirma como atravesar lo real y nombrar lo inmundo. Lacan postula que “para percibir que no hay mundo (…) basta destacar que hay cosas que hacen que el mundo sea inmundo”. El mundo “inmundo” es el mundo tal como se presenta a través de lo real, que es lo que escapa a la organización del lenguaje” (Lacan, 1975-1976, Seminario, Le Sinthome). Esta construcción de lo inmundo puede ser pensada también como lo indecible, como aquello que el trauma trae a la psique, como una disrupción del orden, de falta de ley, donde el sujeto se interpone con sus fallas. Y es que este se vuelve “inmundo”, donde las formaciones del inconsciente en estos casos van ayudando a forjar un relato, con los sueños, los olvidos y los actos fallidos. Así el analizante puede crear un mundo diferente a lo inmundo, a lo indecible.
Hay un inmenso valor en leer los casos de las mujeres de los historiales clínicos y a las mujeres de esta época. Hoy en día es posible dialogar sobre las historias, los testimonios de unas y otras, permitiendo que el análisis psicoanalítico sea un método dialéctico para desorganizar lo inmundo que postula Lacan. Es indispensable entender los significantes que han compuesto el orden del mundo patriarcal que atrapa en el goce a la mujer, para nombrar las limitantes de la posición de objeto pasivo que mantiene el orden de lo inmundo, donde se perpetúa lo indecible, lo violento, el maltrato y la perversión. Decir lo indecible es viable acompañadas por el psicoanálisis, para hablar de lo imposible con lo posible del lenguaje.
Conclusiones
Gracias al trabajo de los historiales clínicos de Freud, entendemos la importancia de investigar el nivel de violencia y entender la naturaleza de las relaciones afectivas que una analizante haya vivido. Así mismo, dentro del análisis, las experiencias de las analizantes permiten indagar sobre las experiencias tempranas de desamparo frente a las figuras que hacen la función parental. El desamparo del analizante debe ser visto como una experiencia de no saber y no poder hablar lo traumático ocurrido con el Otro. Así mismo, el trauma, desde la perspectiva del psicoanálisis, parte de experiencias no sexuales que incluyen violencia, dolor, abandono y pérdida. A diferencia de las estructuras clásicas, hoy tenemos una nueva coordenada: el trauma genera una estructura de forclusión en las analizantes que han vivido acontecimientos traumáticos que no pueden ser reprimidos y quedan fijados en lo fantasmático; es por ello que no hay memoria como tal o “recuerdos feos”, porque el olvido se hace imposible ante la falta de inscripción.
El impacto que tiene el trauma en la vida de las analizantes es brutal; aparece en forma de delirios, ataques de pánico como los descritos históricamente por Freud y aún más allá. Sin embargo, la atemporalidad de los relatos permite ayudar a bordear, armar una trama, ponerle forma en el trabajo clínico, en un ir y venir, acompañando y escuchando de manera activa al analizante, sin sobreinterpretar.
Es imprescindible darle nombre a lo fantasmático en el tratamiento de lo traumático. Para ello, la función del analista en el espacio clínico requiere de autenticidad, sensibilidad y respeto para acompañar. Entender el goce de las analizantes que atraviesan lo traumático requiere un ejercicio ético, que respete el tiempo y la historia de cada mujer en sus contextos particulares, considerando como causas de estas problemáticas a la violencia de género que sigue impactando en las historias femeninas.
Referencias
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Escudero, V. (2014) Guía práctica para la intervención familiar. Junta de Castilla y León. http://uiicf.net/wp-content/uploads/2014/06/Gu%C3%ADaPrácticaIF_VEscudero.pdf
Flores, N. 2007. La locura y el psicoanálisis en los tiempos modernos. Revista Tramas UAM Xochimilco. P. 127-137.
Freud, Sigmund. Obras Completas. Estudios sobre la histeria. Tomo II. Amorrortu Editores.
Freud, Sigmund. Obras Completas, Fragmento de análisis de un caso de histeria (Dora). Tomo VII. Amorrortu Editores.
Lacan, 1975 – 1976. Seminario XXIII: Le sinthome. Paidós
López, B.; Guerra, T. La violencia feminicida en México, aproximaciones y tendencias. 2020. ONU Mujeres.
Oblitas, L. (2008). Psicología de la salud: El estado del arte de la psicología de la salud. Psicol., 26, (2). http://pepsic.bvsalud.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0254-92472008000200002
Urzúa M, Alfonso, & Caqueo-Urízar, Alejandra. (2012). Calidad de vida: Una revisión teórica del concepto. Terapia psicológica. 30(1), 61-71. https://dx.doi.org/10.4067/S0718-48082012000100006
Violencia contra la primera infancia: una tragedia que no podemos seguir ignorando. (2024, November 1). Pacto por la primera infancia. https://www.pactoprimerainfancia.org.mx/violencia-contra-la-primera-infancia-una-tragedia-que-no-podemos-seguir-ignorando/


Que interesante es saber que el psicoanálisis se ha modernizado para atender mejor a las mujeres.
Saludos!