En “Una dificultad del psicoanálisis” (1917), Sigmund Freud plantea que una de las mayores resistencias al psicoanálisis es afectiva y propone tres grandes afrentas al narcisismo humano:
- La afrenta cosmológica de Copérnico: La Tierra no es el centro del universo. Perdimos nuestro lugar privilegiado en el cosmos.
- La afrenta biológica de Darwin: El ser humano no constituye una excepción en la naturaleza: forma parte de la historia evolutiva de las especies.
- La afrenta psicológica de Freud: El yo no es amo en su propia casa. El psicoanálisis introduce una ruptura en la idea de que sabemos por qué pensamos, deseamos, sentimos o actuamos como lo hacemos. Hay una dimensión inconsciente que participa en nuestra vida psíquica y que no dominamos mediante la voluntad consciente.
Quizá lo más inquietante no sea descubrir que ignoramos algo de nosotros mismos, sino reconocer que no siempre somos transparentes para nuestra propia conciencia.
¿Qué lugar ocupa entonces aquello que repetimos, aquello que nos hace sufrir y aquello que, aun sin comprenderlo, insiste? El psicoanálisis no promete convertirnos en dueños absolutos de nuestra vida. Nos invita a escuchar lo que, desde el inconsciente, también habla en nosotros.
¿Te has preguntado alguna vez por qué repites algo que conscientemente ya habías decidido cambiar?
© 2026 Psic. Claudia Díaz

